La iniciación del Cocodrilo La oruga sabe que nació para transformarse. Cuando está lista, confía en el instinto de su destino. Se embarca en un largo viaje hacia el renacer. Va hacia adentro, arropada en una envoltura de cambio potencial. El capullo es oscuro, húmedo y estrecho. Como la oruga, sabemos cuando llega el tiempo de transformarse. Vamos hacia adentro. Nos quedamos ahí. Lloramos, luchamos, sufrimos. Nos quedamos quietos en incubación. Alimentados por la vida que sustenta la Madre. Fertilizados por el esperma determinante del Padre. Nos quedamos en la oscuridad. Hasta que llega el momento. Liberarse es doloroso el dolor es imperativo Respetamos y reverenciamos al dolor como nuestro Gran Maestro. Desgarramos el paradigma, los plásticos, el condicionamiento que nos limita. Rompemos las estructuras y las ilusiones, gritando a viva voz nuestra libertad y apertura. Emerger, abrir… confiar. Nos rendimos al conocimiento infinito, al proceso, a la tierna esencia de la Verdad. Nada prevalece, siempre seremos llamados a la transformación. No importa cuanto demoremos, emergeremos aun más hermosos. Nos perdemos, y nos beneficiamos mucho más. Nos perdemos creando el espacio necesario para el poder infinito, para respirar y comprender que ahora es seguro expresar nuestra sabiduría y belleza. Somos las mariposas. Debemos romper, desprender, destapar para dejar que la luz entre.