Una llave… 

Permite que las puertas se abran, capa por capa, voy cayendo – lentamente – a los limites del laberinto de la Republica de Luz . Cuando por fin lo toco se liquidifica en lágrimas, cielo, miel. 

Es en ese océano donde atestiguo las danzas del tiempo, que en silencio metamorfosean sus siluetas y sus aleteos me convidan a un suave recordar: Todo lo que empieza acaba por despedazarse, y cada pedazo encuentra, a su paso, la capacidad de morir lleno de gracia. El antiguo viaje de volver a la claridad diamantina.  

Esencial.

Soy un fragmento de esa muerte inevitable.

Con anhelos vuelvo, yo también, al hogar que envuelve sin juicio nuestro destino.

Desde la neutralidad de sus vestiduras plenas me contemplo en un agradecer profundo por todo lo que fue y todos los que fuimos. 

Primero recuerdos, luego sombras, luego  luz.

Suelta!