Abro la puerta. Sí al abismo. Me recibe la planta mujer.
Todo fue ordenado por los sueños.
Llegué con corazón virgen y deshecho. Ella (otro yo) me devolvió la visión.
La invitación fue atroz, radical, perturbadora, de otros mundos.
El misterio no se llama, te atraviesa de repente
te hace abrir las manos y soltar lo que sea.
Te revuelve hasta desnudarte.
Y así es como de un momento a otro, te ves diciendo sí.
Yo dije sí, por amor al misterio, que es vida y muerte. Y me llevó y nos llevó y nos dejamos llevar. El río Ucayali, con curvas de serpiente. Ellas y yo y nosotras, se puede ir más profundo, abrir más el corazón, escuchar con todo el cuerpo. Mi mente creía que sería un corto viaje, de un mes máximo. Hasta ahora, duró 6 años. Y cómo sabe uno cuándo algo termina? Algo termina?

Oni refleja un viaje de transformación humano. Con ellas, yo toqué mis propias plumas, liberé mis aguas, y dejé que en mi piel se dibujaran los cantos de un tiempo en el que Todo fue posible. La geometría sagrada de la selva, las fragancias de los espíritus salvajes, las memorias de nuestros hermanos indígenas. Tocar la tierra con las manos, la boca, el alma, meterme en la tierra, comer tierra, volverme tierra, recordarme TIERRA. 

Cruzar las fronteras mentales, encontrarnos en todos los idiomas, dormir en auto, barco, calle, carpa, bus, casa-bus, casa-templo-bus, y en la nada misma. Sin dejar de soñar. Cada paso fue soñado. El caminar nutrido por lágrimas, escucha, gritos, magia rezo y riesgo. 

Cada escena de Oni es una alquimia de amistad, lugar sagrado, sincronía y corazón. Nunca hubo plan, ni pre-supuesto, ni horarios. Guiades por la salida y puesta del sol, y lo que cada momento ofrecía, pusimos nuestros cuerpos a disposición del sueño de la planta. Miedo y confianza en el abismo. Eso es la náusea. Porque en el fondo, queremos lanzarnos. Porque en el fondo, queremos ser transformados. Porque en el fondo, no queda otra opción. 

Hoy, me vuelvo madre. Cuando Oni salió a la luz por primera vez en Chico, California; Samuel Schoendao llenó mi útero con su vida. Hoy nuevamente pongo mis cuerpos y miedos y fé a disposición del misterio y sus cada-momento. Informada por el código renacido. Leche, sangre y aguas tibias chorrean por doquier, recorren mi cuerpo. Me arrodillo ante el árbol de la vida. Gracias maestros y maestras. Gracias hermanas. Danzar los ciclos de nacimiento, muerte y renacimiento con ustedes, exquisito regalo que sigo aprehendiendo. La magia vivida queda en mis ojos.
Y aquí está nuestra ofrenda en tiempos en que el alma pide medicina trascendental, hecha desde la libertad inocente y el tesoro humano más salvaje: los sueños.